Una frase muy sencilla y que puede ser anecdótica, graciosa, absurda o arrogante en ciertos contextos y dependiendo del emisor. Pero también puede ser todo una declaración de intenciones y un pilar sobre el que basar parte de la personalidad de un atleta. Ondrej Cink es quien la verbalizó hace unos meses. El corredor checo del Multivan-Merida es uno de los dos jóvenes corredores, junto con Thomas Litscher, que el equipo ha fichado como relevo generacional de Hermida y van Houts. Este chaval viene de ser Campeón del Mundo y de Europa sub-23 en el 2012 y 14º en los Juegos Olímpicos de Londres. No ha llegado a ese equipo por casualidad.

Ha completado su primer año con los gallos y en él ha dado señales de una calidad elevadísima, obteniendo grandes resultados y ofreciendo un nivel de forma muy consistente a lo largo de toda la temporada. Pero si miro la totalidad del 2013, hay una carrera que tengo grabada por el desparpajo y pocas manías que demostró este chaval de 23 años: la Copa del Mundo de Vallnord.

La anchura de la mayor parte del circuito, la altura y la presencia de un viento de cara que azotaba con fuerza hicieron que se formara un grupo bastante numeroso en cabeza de carrera. Estaban todos los que estáis imaginando. Parecía que nadie quería arriesgar demasiado pronto y que se viviría una carrera de desgaste por la altura y que el clímax se daría a falta de vuelta o vuelta y media del final. Sin dejar pasar demasiados minutos en esta situación de “pelotón cabecero”, Cink, que ya tiraba de ese grupo (lo que demostraba su malestar por la marcheta marcada) decidió atacar e irse en solitario, en una demostración de valientía sazonada con tintes kamikazes. “Bien por él, pero se lo van a comer”, pensaba yo. El de Multivan-Merida abrió un hueco de alrededor de 40 segundos y fueron pasando los kilómetros sin apenas perder nada de ese margen. Aun así, en el último giro le dieron caza. Pero lejos de quedarse debido al desgaste de hacer la carrera en solitario o hundirse mentalmente por lo cerca de una victoria de ese calibre, luchó con valentía y sin complejos. Finalmente fue segundo, a tan sólo 6 segundos de Schurter, subiendo a un podio absoluto de Copa del Mundo en su primer año élite.

Apenas unos minutos tras cruzar la meta, Cink le hacía a Hermida un resumen de su manera de vivir la carrera, con su semblante serio característico: “Big groups, big tactics. I don’t like tactics, so I attack” (“grandes grupos, grandes tácticas. No me gustan las tácticas, así que ataco”). Esas palabras explican lo que le llevó a actuar de esa manera  en Vallnord, improvisando el guión que marcó la carrera, pero creo que dicen mucho más que esa acción puntual; es la expresión del carácter inconformista y seguro de un hombre que veremos en los podios de Copa del Mundo muy a menudo. ¡Bravo, valiente!

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